Manifiesto VS la inmediatez: X. Contra la dictadura de la tendencia

En el ecosistema digital actual, todo parece girar en torno a una sola fuerza gravitacional: la tendencia. Lo que es tendencia se vuelve deseable. Lo que no lo es, parece no existir. Esta lógica ha colonizado el arte, la comunicación, la opinión pública y hasta la identidad.

Las tendencias, impulsadas por algoritmos, influencers y burbujas de validación colectiva, no solo indican qué se consume, sino cómo se piensa, qué se crea, qué se espera de uno mismo. La filósofa Shoshana Zuboff, en The Age of Surveillance Capitalism, explica cómo la predicción y modelado del comportamiento se ha convertido en el nuevo mercado. No solo seguimos tendencias: las tendencias nos construyen.

La presión por ser relevante, actual, visible, conecta directamente con la ansiedad de pertenecer. Pero lo que comienza como estrategia de adaptación se convierte pronto en renuncia a la voz propia. La obra deja de responder a un impulso auténtico para alinearse con una expectativa externa.

Lo más grave es que esta dictadura no es explícita. No hay censura ni policía cultural. Solo hay una suave seducción de lo que “funciona”, y una marginación sutil de lo que no entra en el molde. La diversidad creativa se empobrece. Lo distinto se vuelve ruido.

Este punto del manifiesto dice basta. Propone desobedecer la tendencia no desde la rabia, sino desde la libertad. Desde el deseo de explorar otras formas, otros tiempos, otros sentidos. Desde la confianza en que hay caminos que aún no tienen nombre, pero merecen ser abiertos.

Para el Ultranauta, la tendencia no es solo moda: es una fuerza centrífuga que puede sacar al yo de su centro. El viajero simbólico debe aprender a reconocer su brújula interna, su norte, y no desviarse cada vez que el mundo señala otra dirección.

En el primer nivel del Pacto, esto implica una ética de la coherencia con uno mismo. No crear para gustar. No hacer lo que se espera. No decir lo que conviene. Elegir la fidelidad a la propia visión, incluso si nadie la entiende de inmediato.

En el segundo nivel, resistir la tendencia también es un acto de generosidad: abrir espacio para otras voces. Para lo no hegemónico. Para lo que no encaja. Es decir: tu rareza me hace pensar. Tu diferencia me libera.

Y en el tercer nivel, romper con la dictadura de la tendencia es reconectar con el ritmo del mundo natural, que no sigue modas ni rankings. Los ecosistemas no funcionan por viralidad. Lo que es parte del todo no necesita estar en el top.

Las tecnologías digitales son hoy máquinas de tendencia. Lo que se muestra más, se ve más. Lo que se ve más, se valida. Lo que se valida, se repite. Y así el círculo se perpetúa.

Pero estas tecnologías también pueden ser hackeadas. Pueden ser usadas para amplificar lo que no se ve, para dar espacio a lo que no encaja. Podemos elegir no seguir la corriente. Podemos usar las plataformas sin ser usadas por ellas.

Esto requiere conciencia, práctica y una comunidad que respalde esas elecciones. Pero es posible. Y es urgente.

No quiero ser tendencia.
No quiero seguir la fórmula del éxito.
Quiero escribir cosas que nadie entienda ahora,
pero que alguien abrace dentro de veinte años.

Quiero ser voz, no eco.
Camino, no autopista.

Porque cada vez que repito lo que ya está de moda,
desaparezco un poco más.
Y yo he venido a estar, no a imitar.

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