Hay que hacer las preguntas adecuadas. Siempre he pensado que uno llega a los lugares haciendo las preguntas adecuadas.
Este fin de semana, durante la Feria Internacional del Libro de Nueva York, conocí a Ofelia, Fela, una mujer que se acercó a nuestro stand como tantas otras personas que pasaron por allí.
Durante la feria conversé con muchísima gente de México: personas de Puebla, Veracruz, Baja California, Tabasco, Coahuila, Monterrey, Ciudad de México… A todas les preguntaba de dónde eran. Me gusta hacerlo. Me gusta saber de dónde viene la gente, cuáles son sus territorios, qué historias llevan consigo.
Cuando alguien me dice que es de Michoacán, suelo contarle que mi madre, Lucina, nació en Tacámbaro. Y cuando aparece Guerrero, inevitablemente pienso en mi padre, cuya familia procede de San Miguel Totolapan.
Así fue como, tirando un poquito del hilo, Fela me contó que su padre, que tiene 86 años y sigue vivo, también es de San Miguel Totolapan.
¡Pues a lo mejor somos primos!
San Miguel Totolapan es un pueblo pequeño de Guerrero, un territorio que atraviesa desde hace años una situación muy difícil por la violencia del narcotráfico. Fela llevaba mucho tiempo sin regresar.
Entonces le hablé de un libro.

En 2008, mi padre me llevó a España un ejemplar de Memorias del municipio de San Miguel Totolapan, Gro., escrito por mi tío abuelo Jacob Vergara Rayo.
Aquel libro abrió una puerta que yo ni siquiera sabía que existía.
Hasta entonces conocía muy poco de la historia de mi familia paterna. Mi abuelo Alfonso Vergara no estuvo presente en mi vida y mi abuela Abel Hernández, a quien quise muchísimo y que siempre me protegió, tampoco solía hablarme de aquellos años. Falleció hace relativamente poco, cerca de los cien años.
El libro fue mi primera gran aproximación a esa memoria familiar.
Años después, hacia 2014, encontré un foro en internet donde se hablaba de la obra. Dejé un comentario explicando que su autor era mi tío abuelo.
Y alguien me respondió:
—¡Es que él era mi abuelo!
Era Alejandro Vergara, que vive en el estado de Washington.
Desde entonces hemos mantenido una relación que comenzó con aquel comentario perdido en internet y terminó convirtiéndose en una amistad familiar muy cercana. Cada vez que viajo a Estados Unidos intento encontrar la manera de visitarlo.
Alejandro y yo compartimos la curiosidad por reconstruir una historia que conocemos solamente a fragmentos.
De San Miguel Totolapan yo apenas conservo una imagen de infancia: un puente que cruzábamos a oscuras, un lago, mucha lluvia, truenos y una casa donde dormimos y había muchísimos alacranes.
Eso es casi todo lo que recuerdo.
Mi padre salió del pueblo siendo niño, cuando mi abuela se lo llevó a otra ciudad. Después llegaron a la Ciudad de México y buena parte de aquella historia quedó dispersa.
Por eso, cuando Fela me habló de su padre, pensé inmediatamente en Alejandro y en el libro.
Le conté nuestra historia y le propuse ponerlos en contacto. Alejandro conserva ejemplares y quizá pueda hacerle llegar uno.
De hecho, hoy mismo he escrito a Fela para pedirle su WhatsApp y facilitar ese encuentro. También he vuelto a rastrear información sobre el libro y sobre algunos personajes de la historia del pueblo.
Y aquí estamos.

No sabemos si Fela y yo compartimos algún antepasado. Tal vez sí, tal vez no. Pero me gusta pensar que hay algo extraordinario en estas pequeñas coincidencias que nos permiten recuperar fragmentos de nuestra propia historia.
Mi primo Alejandro y yo tenemos pendiente una tarea para los próximos años: reconstruir parte de nuestra memoria familiar. Existen incluso cajas con documentos y archivos que algún día me encantaría recuperar, digitalizar y estudiar.
Pero esa será otra historia.
Hoy simplemente quería dejar constancia de este encuentro.
Porque ayer, mientras recordaba las decenas de conversaciones, encuentros y reencuentros que viví durante la feria, apareció de nuevo Fela en mi memoria.
Y comprendí que aquella conversación aparentemente casual merecía quedarse aquí, entre mis días que suman.
Quizá lo importante no sea descubrir si somos primos.
Quizá lo importante sea seguir haciendo las preguntas adecuadas.
Nueva York, 26 de octubre de 2026.
Ultranauta IV79 · Días que suman
El libro que abrió esta historia:
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